Siempre he deseado escribir. Desde que tengo uso de razón, desde que me volví un ratón de biblioteca, quise ser parte de algo grande, expresar mi arte, mostrar mi amor por las letras. Soñaba con quedar en los anales de la historia, con morir habiendo cumplido un Propósito, con una meta definida.

Me imaginaba como esos escritores consagrados… o no tanto. Como esos poetas olvidados, hundidos en la ruina más absoluta por vivir por y para sus versos, con apenas unos céntimos en el bolsillo, convertidos en alguien importante solo después de su muerte. Tal es la ironía de la vida. Tal es el amor por la escritura.

Cuando la llevas en la sangre, no hay nada más importante que escribir hasta dejar tu huella en el mundo, aunque no puedas vivir para contarlo.

Pero la realidad no es un poema, ni un cuento con final perfecto. La realidad es cruel, hostil, a veces absurda. La escritura no paga facturas, no compra el pan, no calienta inviernos. La escritura arde, devora, consume. Te obliga a derramar cada gota de tu Alma sobre el papel sin promesas de recompensa. Y aun así, no puedo abandonarla. No quiero. No sé cómo hacerlo.

Cada palabra escrita es un latido menos dentro de mí, una parte de mi Ser que queda impresa en el tiempo. Si no escribo, me ahogo. Si no dejo mis historias vagar entre las sombras y la tinta, ¿Quién soy entonces?

Este blog nace de esa necesidad primitiva de existir a través de las palabras. No hay certezas, ni pretensiones, ni promesas. Solo letras lanzadas al abismo, esperando ser leídas, comprendidas, sentidas. Tal vez encuentres aquí un eco de tu propia Alma, o tal vez no. Tal vez mis palabras mueran en la indiferencia, como tantos otros versos que jamás encontraron su lector. No importa. Yo escribiré de todos modos.

Porque escribir no es una elección, es una condena. Y yo la acepto con los brazos abiertos.

Y tú, ¿Escribes para vivir o para morir? Tal vez para ambas cosas.

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Lo que no digo en voz alta

«La gente me pregunta qué hago cuando no estoy escribiendo.

Pues la verdad es que estoy en mi mundo. Fuera de la Tierra.
En el sofá, con mi perra en las piernas, los cascos puestos.
Música en los oídos.
Y la cabeza flotando lejos, como si no perteneciera aquí.«

~ Tania G.Garmendia

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