Hoy estaba pensando en el verdadero amor, en Amar y querer, en lo que significa amar de verdad.

Caminando por los senderos por los que transito en mis Retiros Espirituales con mis hijos no humanos (animales), respirando aire puro, me preguntaba por ese amor que parece ser un completo desconocido para la mayoría de las personas y, en cambio, un gran conocido para nuestros hermanos los animales no humanos.

Durante mucho tiempo me he preguntado hasta qué punto el ser humano es un ignorante del amor, de lo que realmente representa amar. Está claro que todos saben lo que es (y quien no, puede verificar la RAE en cuestión de segundos), pero ¿quién comprende su verdadero significado? Se podrían poner miles de ejemplos, pero creo que el más simple, y que todos/as entenderán perfectamente, es el que contiene el siguiente refrán: “Cuando el hambre entra por la puerta, el amor sale por la ventana”.

Quien crea, aunque sea por un mínimo lapso de tiempo, que esto es solo un refrán y no una realidad, le instaría a que se paseara por las recientes estadísticas que podrá encontrar en cualquier web dedicada a ello, respecto a los tiempos de crisis que actualmente vivimos en relación con las separaciones matrimoniales.

Y es que, desde el momento en que comenzó la crisis mundial, los divorcios se han triplicado. ¿Casualidad? No lo creo.

Así mismo, no creo que el amor real, el amar auténtico, salga por la ventana cuando el hambre entra por la puerta, ni mucho menos. De hecho, tengo un hermoso contra-refrán: “Cuando el hambre entra por la puerta, el amor no sale por la ventana; y si desaparece, nunca saldrá por la ventana, porque nunca entró. Por lo tanto, nunca podrá salir”.

Ese es el verdadero amor. Aquel que, contra viento y marea, permanece fiel, leal a sus deseos y necesidades, pero, sobre todo, a los deseos, necesidades y anhelos del otro. Ese es el amor que sabe amar sin condiciones.

Me pregunto si habrá personas capaces de comprenderlo. Y es que, cuanto más tiempo llevo dedicándome a la ayuda Espiritual, a la guía humana, y más años paso al lado de mis hijos no humanos, más conozco a mis hermanos humanos y a su supuesto amor hacia los demás, y menos me gusta el paradigma egoísta, egocéntrico e individualista que maneja el ser humano en general. Porque una cosa es querer y otra, muy distinta, amar.

Querer sabemos todos… ¿pero amar? ¡Oh! Eso son palabras mayores.

Querer es posesivo: significa que deseas algo o a alguien, que necesitas ese algo o a ese alguien y que no soportas que permanezca lejos de ti. También implica que, en muchas ocasiones, el querer lleva implícito recibir algo a cambio, aunque no siempre se diga de forma consciente.

Amar, sin embargo, significa que deseas a alguien, sí, pero que necesitas que ese alguien sea feliz; que no soportas que permanezca lejos de su propia felicidad o al lado de situaciones o personas que le hieran. Amar es permitir, es comprender y es soltar si es necesario. También implica que nunca esperas nada a cambio de lo que das al objeto de tu amor. Das de pleno corazón, sin esperar nada a cambio. Es una necesidad de tu Alma que no busca recompensa (porque ya te sientes recompensado/a al darlo).

En resumidas cuentas, amar es generosidad y querer, egoísmo. En el querer estás centrado en el gran Yo; en el amar solo deseas el bien de la otra persona, sea contigo o sin ti. Te borras a ti para dibujar al otro, en toda circunstancia. Ahí es donde se comprende realmente la diferencia entre amar y querer.

Cuánto tenemos que aprender de nuestros hermanos los animales no humanos… Cuánto… Ellos no saben querer como el ser humano, ellos saben amar. Dan sin recibir, aman sin condiciones y su fidelidad, basada en el amor hacia las personas, no tiene límites. Eso es amor; lo demás, simplemente querer, el sentimiento propio de las mentes limitadas.

Hoy mi consejo, queridos lectores, es el siguiente: observad a los animales. Parad vuestras vidas por unos instantes cada día y mirad cómo aman: a las personas, a sus propios hermanos, padres, amigos y también a su entorno. Siempre son felices. ¿Os habéis preguntado por qué?

Y no, no es porque vivan en la ignorancia, como quizá muchas personas puedan pensar… sino porque viven por y para el amor, en todo el sentido de la palabra, en cada momento de sus vidas. Viven desde el amar constante.

Aquellos que sigan pensando que son felices porque viven en la ignorancia, y no porque viven por y para el amor, pensad por un momento que el ser humano, en general, vive en lo opuesto: en la infelicidad. ¿Entonces el ser humano es infeliz porque lo sabe todo? ¿No es la sabiduría la que debería hacernos mejores, más conscientes, más plenos (felicidad incluida)? Sin embargo, la mayoría sois infelices en una o varias áreas de vuestras vidas.

La respuesta es el AMOR. Quien vive alejado del verdadero amor como estado de consciencia, es infeliz. Es así de sencillo. Porque vivir sin amar, en el fondo, es no vivir plenamente. Es morir en vida.

Observadlos un poco cada día y aplicad su gran sabiduría a vuestras vidas. En cuanto al amor, tienen mucho que enseñarnos sobre amar de verdad.

Ahora, mis hijos no humanos y yo iremos a dar un paseo, nos tumbaremos a la sombra con el libro Valquirias de Paulo Coelho y nos deleitaremos con el sonido armonioso de los pájaros que, al atardecer, entonan su canto.

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«La gente me pregunta qué hago cuando no estoy escribiendo.

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~ Tania G.Garmendia

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