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Ansiedad

Tiempo de lectura aprox: 2 minutos, 2 segundos

La ansiedad se ha convertido en una de las grandes señales de desequilibrio de nuestra época. Vivimos en una sociedad marcada por las prisas, la exigencia y el ruido constante. Por ello, nos empujamos a dar siempre más, mientras ignoramos las señales que nuestro cuerpo, mente y Alma1, nos envían.

Pero, ¿Qué ocurre cuando dejamos de escucharnos?


Ansiedad

Comemos deprisa. Caminamos sin detenernos. Vivimos desconectados de nosotros mismos.

Reducimos al mínimo el tiempo destinado al cuidado emocional y Espiritual; meditar, contemplar, respirar, simplemente estar. Y todo ello tiene un precio.

Y, como consecuencia, cada vez resulta más fácil enfermar por dentro.

Ahora reflexiona un momento:

¿Cuántas personas cuidan su cuerpo con disciplina?
¿Y cuántas cuidan su mente… y su Alma con la misma dedicación?

La diferencia es evidente, enorme y abrumadora.

La ansiedad no aparece por casualidad.

Surge cuando perdemos el equilibrio entre mente, cuerpo y Alma.

Cuando la mente se acelera, el cuerpo se tensa… y, en consecuencia, tu Alma deja de ser escuchada.

La meditación y la introspección son para la mente lo que el movimiento es para el cuerpo. Y la conexión interior es lo que da sentido a ambos.

Cuando ese equilibrio se rompe, aparecen el miedo, la angustia y la incertidumbre; además, si no se atienden, se transforman en ansiedad.

Formas en las que la ansiedad se manifiesta

Agorafobia

Ansiedad agorafobia

El miedo al miedo.

La mente revive experiencias pasadas y las proyecta en el presente, generando una sensación constante de peligro. Pueden ser experiencias muy vívidas o del todo inconscientes.

El cuerpo responde con:

  • mareos
  • sudoración
  • temblores

Y entonces el Alma se encoge.


Claustrofobia

Ansiedad claustrofobia

El miedo al encierro.

Más allá del espacio físico, es la sensación de no poder escapar, de sentirse atrapado, incluso dentro de uno mismo.


TAG (Trastorno de ansiedad generalizada)

Ansiedad: TAG

Una mente que no descansa.

Preocupaciones constantes, incluso cuando no hay un motivo real.

Y aquí entra tu enfoque:

La energía que alimentas en tu interior, la que sostienes en el tiempo… termina manifestándose y acabarás somatizando mucho más de lo que imaginas.

Ejercicio para sanar la ansiedad desde el interior

ejercicio para sanar la ansiedad

Tratamiento

Frecuencia: 15 minutos por la mañana y también 15 minutos por la noche.


Procedimiento

  1. Respira y vuelve a ti
    Cierra los ojos y respira desde el abdomen. Siente cómo el aire entra y sale.

  1. Observa tu miedo
    Lleva tu atención a aquello que te inquieta. No lo rechaces.

  1. Escucha tu interior
    ¿De dónde nace ese miedo?
    ¿Es real o es una proyección de tu mente?

  1. Siente tu cuerpo
    Localiza dónde habita esa emoción. Permite que exista.

  1. Dale forma
    Asocia un color a ese miedo y llévalo a tu plexo solar (tercer chakra, ubicado entre el ombligo y el pecho).

  1. Transfórmalo
    Lleva ese color al corazón etéreo (cuarto chakra, entre pecho y pecho, en el centro).
    Imagina cómo se eleva… y se suaviza.

  1. Invoca tu Luz
    Piensa en una energía, símbolo o figura que represente amor, valor y compasión.

Permite que esa energía ocupe el lugar del miedo.


  1. Expande la calma
    Visualiza cómo esa nueva energía recorre todo tu cuerpo.

Respira dentro de ella.


  1. Regresa con suavidad
    Vuelve poco a poco al momento presente. Abre los ojos con calma.

En el momento de la crisis

Cuando la ansiedad aparece, no luches contra ella; de hecho, la resistencia la alimenta, mientras que la serena presencia la disuelve.

Por ello, en esos momentos, respira profundamente y repite con calma:

“Esto no es verdad, es solo miedo.”

Permanece contigo y recuerda:

No estás en peligro. La ansiedad no es tu enemiga, es una llamada de tu Alma.

Una señal de que algo en tu interior necesita ser atendido, comprendido y sanado.

Escúchala, abrázala y vuelve, poco a poco, a tu Centro.

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  1. Uso de mayúscula: El autor utiliza la mayúscula inicial en este término y otros de similares características, como recurso estilístico, con el propósito de reflejar su dimensión espiritual y concederle el respeto y la importancia que le atribuye en su visión. ↩︎

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Lo que no digo en voz alta

«La gente me pregunta qué hago cuando no estoy escribiendo.

Pues la verdad es que estoy en mi mundo. Fuera de la Tierra.
En el sofá, con mi perra en las piernas, los cascos puestos.
Música en los oídos.
Y la cabeza flotando lejos, como si no perteneciera aquí.«

~ Tania G.Garmendia

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